Decidí partir, no sabré si era el momento adecuado, pero el impulso de sentirme aliviado me trajo a cambiar de aires.

Es a la distancia donde espero curarme de esas heridas que han penetrado mi ser, no saber de ti, no encontrarte, ni tener a nadie que me mencione tu nombre que solo al escuchar me da escalofríos; es lo único que aspiro en estos momentos.

Espero que ese tomar distancia me permita recuperarme y las heridas vayan cicatrizando, y me ayuden que esos recuerdos contigo que viene unido a un cumulo de sentimientos encontrados, se vayan difuminando de mi mente o se separen de esos sentimientos y pasen a ser solo recuerdos de una etapa me toco vivir.

La vida te enseña que el que no sufre por amor y no vive una desilusión no sabrá nunca amar de verdad, porque estos momentos hacen que uno se haga más fuerte y quiera saber en que fallo y logre darse cuenta que se puede dar más amor del que se dio; y por otro te enseña que en cada momento es la oportunidad de autoevaluarse y decir me merezco lo que vivo o es momento de avanzar o cambiar.

No hay mal que dure mil años ni cuerpo que lo resista, por eso es necesario que el tiempo y la paciencia den la fuerza para poder superar los avatares de la vida. Porque nunca nadie debe olvidar su pasado pero si darse un tiempo de autoanálisis que le permita aprender de ese pasado y mirar con nuevos ojos el futuro que le espera.

Luego de la tempestad viene la calma, y parece que esa tempestad ya dio todo de sí, por lo que ya se ve que se aproxima un nuevo amanecer. A esperar como se nos dibuja ese nuevo panorama.

Amaru Samanamú Zilbert

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