Marcos siente frío, se encuentra en posición fetal, tratando de mantener el calor corporal; el pedazo de trapo que usa para abrigarse no ha sido suficiente; el invierno se ha hecho presente y esa noche ha bajado a menos de 10 grados. Marcos esta algo resfriado; no quiere levantarse; pero el ruido externo no lo deja dormir; en el exterior unos dos perros labradores están siguiendo a unos motorizados y el trata de esquivarlos, pero el ruido que provoca la moto y los perros; no lo han dejado indiferente.
Algo ofuscado, Marcos procede a levantarse; al moverse; da un golpe a un compañero que esta al lado; el otro al sentir el golpe se levanta sobresaltado; y en una posición de ataque, luego reacciona y se ríe; es su amigo que perturbó su sueño. Marcos informa a Pedro que saldrá a iniciar la rutina. En los pies se encuentra su material de trabajo, que consta de un banqueta de madera y un cajón de lustrabotas donde dentro de sus gavetas están todos los instrumentos necesarios; un pequeño betún que ya esta casi desgastado, una escobilla y un trapo de tela; que esta por cambiar el color de rojo a negro por el uso. Marcos se levanta y mira la ventana de la habitación, está nublado; aunque ya es hora de levantarse; Pedro que estaba recostado; empieza a reaccionar y se pone de pie; al igual que Marcos trabaja en lo mismo que su amigo; él en cambio que Marcos su silla es acolchada; ese es el lujo que se puede permitir este niño y lo cuida como oro. Por eso ante cualquier golpe se levanta; ya muchos han tratado de robarle su fuente de trabajo.
Marcos y Pedro ya están listos y los cartones que le sirvieron de colchón y la tela que los abrigo, lo ocultan en un hueco que presenta la pared de ese cuarto. Ellos no tiene un cuarto normal; ellos no tienen una casa fija; esa noche les toco dormir en una casona de los años 1850 que ha sido abandonada hace 10 años y solo espera la autorización de la municipalidad para ser destruida; por ahora para ellos es su casa que les da algo de abrigo; ellos rezan a ese Dios que le abandono, que nunca le quiten su hogar que les ha dado algo de tranquilidad.
Los dos jóvenes salen de la casona con sus instrumentos sobre el hombro se dirigen a la plaza principal. En el camino Pedro saca una moneda que tenia en el bolsillo y compra dos panes y dos te caliente en un puesto ambulante, necesitan calentarse por dentro que les permita conllevar ese frío amanecer.
Cuando llegan a la plaza, Marcos y Pedro definen el lugar donde trabajar; por la hora, se colocan en dos entradas de oficinas; ellos han aprendido que ahí tendrán clientes, muchas veces ellos han ayudado a muchos jóvenes apresurados no sean criticados por sus jefes por la presencia.
Antes de empezar; se turnan y se dirigen a la pileta de la plaza y se lavan el rostro y las manos; es el único agua que tocarán, hasta que termine su trabajo.
Ya es hora de empezar y empiezan cada uno a su estilo a pregonar su trabajo; Pedro es más gracioso y busca rimas para atraer a sus clientes, Marcos no es tan creativo, pero igual sabe que no le van a faltar clientes, porque él y Pedro son un equipo y entre los dos se apoyarán. El trajín de trabajo se acaba a las 9 am, ya que en esa hora todos los trabajadores de esas oficinas ya entraron a sus cubículos y no volverán a salir hasta las 12 que es la hora del almuerzo.
En ese momento Pedro y Marcos empiezan a recorrer la plaza buscando algún cliente que ofrezca sus servicios, en ellos se paran en un puesto de periódico, y compran dos diarios baratos, uno de deporte y otro de noticias; ellos saben que para sus clientes es un plus ofrecerle este servicio; también hay clientes que empiezan a hablar de política, deporte, espectáculos y ellos son los que empiezan a debatir con sus clientes, ellos no son unos desinformados; ese diario no le permite desligarse a la actualidad nacional.
Son las 10 am y uno de sus clientes de Marcos es un señor que va corriendo a llevar a su hijo de 6 años a clases, el joven empieza a lustrar el zapato al señor, para más comodidad Pedro le ha cedido su butaca acolchonada al niño para que espere mientras su amigo termina de lustrarle el zapato, Pedro de rato en rato le hace muecas al niño y el no para de reírse. El padre se contagia de la risa del hijo; y mientras eso le pregunta a Marcos y Pedro sobre su vida y porque ejercen ese trabajo y no estudian. Marcos le dice que ellos ayudan a sus padres y que él no tiene otra opción, porque necesita comer antes que estudiar. El señor le increpa que si sus padres le obligan y ellos con un simple,Tenemos que comer, corta la conversión y acelera el paso porque esas preguntas no es de su agrado a Marcos, Pedro trata de desviar el tema comentándole del partido del día anterior. Marcos corta la charla deportiva con un- Listo Señor-, a lo que el le agradece, dándole un poco más por su servicio, al amigo le toco su propina porque le ayudo a distraer a su niño.
El señor se va alejando con su hijo; y Marcos algo ofuscado sigue caminando; Pedro se le acerca y lo abraza y dice, no te molestes y le empieza a lanzar algunos chistes para sacarle una sonrisa.
Marcos sonríe pero en su mente se asomaron esos recuerdos que trata de borrar. En un primer momento mintió al señor, el no trabaja por ayudar a su familia, trabaja para sobrevivir, el huyo hace 3 años atrás de la violencia de su padre, no entiende como la madre acepta los maltratos de su esposo; el entendió a su pequeña edad que él era el que sobraba y tomo la decisión de cambiar su futuro. Espera en un momento poder sostener a su madre con su trabajo, y a ese hermano menor que ya debe tener más de dos años; él cuando huyo su madre estaba embarazada. Marcos no ha vuelto a aparecer frente a su madre, porque le prometió volver cuando pueda ayudarla, la llama de forma semanal para que sepa que por lo menos esta bien.
Marcos llora luego de cada llamada, porque trata de contarle las buenas cosas que le suceden, que son muy poca; la mayoría las inventa. También sabe que esa promesa que le realizó esta lejos de materializarse por ahora solo puede sobrevivir.
Mientras le viene ese recuerdo trata de disimular su tristeza y se ríe de las ocurrencias de su amigo; aunque no sabe ni lo que le esta diciendo.
Ya es medio día y es hora de comer. Han reunido algo de dinero para comprarse un menú entre los dos. Se van al mercado donde siempre comen, ahí lo espera la señora Juana, ellos ya son clientes fijos con esa señora; consideran la mejor comida del mundo. Además saben que doña Juana siempre les da un poco más; esa señora se ha convertido en su segunda madre; aunque no les da un hogar porque no tiene la condiciones, les da una comida que le permite llenar ese estomago que no para de crujir del hambre.
Antes de comer le piden a doña Juana les preste su lavamanos porque sus manos están negras del betún. Empiezan a comer y no paran hasta terminar, casi no median palabra, Juana solo los mira con algo de tristeza por esos niños que han aprendido a vivir en la calle.
Marcos y Pedro se despiden de doña Juana, ella antes de irse los bendice con una cruz en la frente; y los ve alejándose de su puesto. Ya afuera los jóvenes recargados, inician de nuevo su rutina, vuelven al parque y siguen en la búsqueda de clientes. En un momento ven a un grupo de jóvenes que salen de una escuela de la zona, deben tener unos 15 años, parece que se han fugado y viene a dar un paseo por la plaza. Marcos lo mira y con cara de resignación lamenta esa actitud de los jóvenes. A el como le gustaría estar en la escuela que dejo hace tres años cuando huyo de la casa. Sus nuevas condiciones le hicieron entender que debía trabajar, que antes de estudiar tenia que llevarse un bocado a la boca. En su época de estudios, el notable y sobresaliente eran sus notas más comunes, el quisiera ser médico, pero parece que ese deseo ya es una utopía para él. Recuerda una vez que la policía hizo una redada y a él lo mandaron a un albergue de menores, en ese momento volvió a ir a la escuela por una semana; hasta que pudo huir del refugio, no porque las condiciones eran malas sino porque consideraban que la solución que le ofrecían allí no era la que el necesitaba. Decidió no volver a la escuela, ya que iba a ser fiscalizado y obligado a vivir en albergues, por ahora la escuela acababa para él.
Marcos luego de esta interrupción sigue trabajando, Pedro al lado de él sigue comentando de fútbol con sus clientes, es fanático al club de la capital, llevan años sin ganar pero le tiene fe que algún día se acabara la mala racha, dentro de su cajón de lustrabotas Pedro guarda un pequeño calendario de bolsillo con la imagen del ultimo equipo ganador de su club.
Pasan las horas y ya son las 5 pm, ellos corren a las puertas de las oficinas ya es hora que salgan los trabajadores y es la última oportunidad de captar clientes. Pasan los minutos y ya la lista de trabajadores se acaba y la oficina se queda vacía, ellos no se mueven de ahí hasta que ven al portero cerrar la entrada principal. Ya son las 6:30 de la noche; ya empieza a oscurecerse, y es hora de dar fin al día de trabajo. Pedro y Marcos se ponen su instrumento al hombro y empiezan a caminar hacia su morada. Ellos saben que es muy riesgoso estar en la calle hasta tarde, tienen miedo a las redadas de policías y la violencia callejera que no discrimina edades.
Entran a la casona saltando el precinto de Peligro e ingresan dirigiéndose a su cuarto; Pedro busca el agujero y revisa sus pertenencias, parece que nadie ha descubierto su escondite. El periódico del día ayudara a reforzar ese colchón de cartones.
Son las 8 pm y ellos ya están en su cuarto, se asoman a la ventana del cuarto y se quedan mirando el paisaje externo, la televisión para ellos es ver el día a día de los problemas en el barrio, han observado peleas, reconciliaciones, algún que otro mariachi para pedida de mano; en fin esa es su televisión que les ofrece la diversión diaria. Es en esas horas de la noche mientras ven la ventana que empiezan a meditar lo que están viviendo, con solo 13 años Marcos y 12 Pedro, se encuentran en una casona sin padres, solo se tiene el uno al otro, la calle los unió y esperan nunca separarse; aprendieron a madurar, entender lo duro que es la vida y saber que en este mundo salvaje no hay espacio para ellos. La vida para ellos se apagó hace unos años y la muerte solo espera el día para reclamar a sus víctimas. Morir en vida es lo que deben sentir esos niño que no tendrán futuro, no tuvieron pasado y el presente , bueno ellos dirán que presente es este.
Por ahora a ambos jóvenes les entra el sueño; es hora de dormir y seguro es el único momento que ellos puedan soñar en todo lo que ellos planifican para esa vida que les ha sido esquiva, en sus sueños se verán reflejados en los grandes médicos, pintores, arquitectos, bailarines o astronautas que imaginaron ser y nunca podrán serlo.
Amaru Samanamú Zilbert
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