Es un día lluvioso y la cita concertada es en la cafetería que era ya parte de nuestra historia, cuantos recuerdos me vienen a la mente; la primera declaración de amor hacia tu persona; el café nocturno luego de un día de trabajo, ese espacio fue espectador de nuestras muestras de amor así como las peleas que no fueron pocas.
Esta vez me veo sentado frente a ese capuchino que me acompaña, ahora solo hay uno, no hay otro más. Alrededor las mesas están todas ocupadas, esto se debe que son las 6 p.m. hora donde las oficinas dan el cierre y esta cafetería es el lugar para descansar de esa rutina que se ha convertido en vida. El bullicio es infernal todos hablan de su vida, quieren imponer su opinión en base a la fuerza de sus palabras. Pero para mí eso es lo de menos, si la lluvía y sus relámpagos no han hecho meya en mi atención; en este momento lo que me rodea ha dejado de importarme; me encuentro aislado en esos recuerdos que me traen emociones encontradas.
Un ruido a lo lejos me interrumpe esos recuerdos; una campana que esta colgada en el portal de la cafetería; es una mujer que entra; levanto la mirada y la miro fijamente; ella me queda mirando con cierto miedo y rareza por mi comportamiento; ella no entiende por que esa mirada se poso en ella; algo que no entenderá; porque en realidad ella no es el motivo de mi encuentro en este lugar
Pasan los minutos y la desesperación acompaña a mi soledad, no dejo de mirar el reloj buscando respuestas en él; pero en si las respuesta no viene de parte de ella; me tomo mi primer sorbo de café, ya esta frío pero ya la preocupación abarco mi mente; preguntas que surgen ¿ porque la hice llorar ese día? ¿ por que fui tan egoísta y no me puse en la piel de ella? , empiezo a recordar todo lo que paso ese día y solo atino a decir ¡La Perdi!, ¡Que estúpido pude ser!. Me siento resignado, ya esta la historia escrita y este es el punto final. Miro a la ventanales de la cafetería para ver si ya paro de llover. Y cual es mi sorpresa, que en plena lluvia infernal salió el sol; que me volvió a iluminar; que rareza un sol en plena lluvia, para mi tormenta personal verla a ella parada frente a mi con su paraguas, era como que el sol volvió a iluminarme.
Salgo disparado hacia su encuentro, no me importo si ese aguacero me iba a cubrir, yo solo quiero llegar hacia esa luz que me dio una segunda oportunidad. Me acerco a ella y la abrazo con más fuerzas de las que dispongo. La miro a la cara y le veo unas ojeras; creo que ayer no fue una de sus mejores noches y los ojos cristalinos me muestran que en esos ojos salierón lagrimas que no debieron haber brotado. No la dejo que haga ningún movimiento y le sigo abrazando; me acerco al oído y le digo: -Perdón por mi comportamiento, solo quiero que sepas que eres mi vida, tus ojos son el camino que señala mi camino y si dejas de mirarme dejaras que mi vida se descarrile-. Ella al escuchar esas palabras, dejo de molestarle mi presencia; empezó a soltar unas lagrimas; espero que estas sean las ultimas lagrimas que las derrama por mi culpa. Ella parece que ve en mis palabras, una verdadera disculpa y vuelve a confiar en mi, me responde el abrazo y me da un beso; es un beso sencillo pero para mi es el mejor y el más delicioso beso. Es en ese beso que vuelvo a mi realidad, empiezo a percatar que en esa pelea mi corazón dejo de funcionar y es ese beso activo un corazón que esta en sus últimos minutos.
Ella ya no llora, ha empezado a reírse; me mira y me dice: -Te has mojado un poco, coge el paraguas y vamos a mi casa-. Ese darme el paraguas es la muestra que he vuelto a ser parte de ella y volvemos a ser uno.
Me veo alejándome de esa cafetería que ha sido parte de otro momento de nuestra relación, en este caso mezclo la tristeza y la felicidad. En días posteriores ya ese capuchino tendrá otra compañía así como yo tendré más razones para construir mas relatos con esa mujer que me cautivo.
La historia no tuvo final, parece que esto todavía da para más capítulos; depende de los actores para que quieran seguir construyendo; y yo por mi parte creo que no me cansare de tener el protagónico en esta historia que es la vida misma.

Amaru Samanamú Zilbert

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