La oscuridad opaco al sol y trajo consigo nuevas actividades económicas que les permite al cliente y a la prestadora del servicio sentirse cubiertos por el manto de la noche y cerrar un trato beneficioso para ambos.
Cuantos miles de millones mueve este sistema informal que vive de la ilegalidad y es criticado por una sociedad que solo ve falta en la que ofrece el servicio pero no entiende que la demanda es la que mueve esta oferta. Las encontrarás en las calles, discotecas y bares o centros dedicados a este servicio.

Estas señoritas aprenderán a cortejar a sus clientes mostrando sus dotes de convencimiento, aplicarán de forma inconsciente técnicas de contabilidad, comunicación y de marketing; para poder lograr su objetivo esperado. Ellas saben que tú serás un cliente más que les sumará un ingreso y le restará unas horas al día para acabar su jornada de trabajo. Ella al igual que otro trabajo se regirá a las leyes del señor trabajo y si no cumple o no logra ya seducir a ese público a veces exquisito tiene muy cercana el despido y ante ello peligrar su subsistencia.

A estas jovencitas las veras de todas las razas, edades y fisionomía . La oferta debe ser variada que logre cumplir los deseos de ese público que las examinará de forma minuciosa buscando encontrarle una falla para poder regatear el precio de su cuerpo, ese bien que se alquila por horas a un precio irrisorio si lo vemos al valor que debería tener un ser.

Vivimos del trabajo y aprendemos a poner valor a nuestro tiempo, no queremos malgastarlo en actividades inútiles pero cuando muchas veces estamos frente a estas jovencitas se les pide que rebajen su valor ya de por si reducido. Dejando que su desnudez y ese acto sexual solo valga unas cuantas monedas. Monedas que incluyen el valor de su ego, su alicaída autoestima, el prejuicio que la sociedad tendrá sobre ella.
La belleza que ya poseen, lo acompañan con sonrisas falsas, palabras cariñosas, vestimentas llamativas que deslumbre a primera vista y atraigan la atención del cliente que hará el papel de conquistador y se llevará un trofeo por unas horas para satisfacer sus deseos, pero alguien se pregunto sobre los sentimientos de ella.

Deberíamos ponernos a pensar y ver que hay debajo de todo las vestiduras y maquillajes, ese ser que debe tener miedos así como ilusiones y deseos.

Muchas saben que cada minuto que viven en este mundo van perdiendo el contacto con el exterior, van transfiriendo su valor de persona a un simple objeto sexual donde la sociedad las señalará y les catalogará, otros mostrarán su rechazo con una cara de desprecio.

Lamentablemente a esas mujeres no las apoyamos, por un lado los hombres que son los beneficiados serán los que evitaran saludarlas y la negarán o simplemente muy pocos aceptarán una mujer con ese pasado; y por el lado de otras mujeres, quienes la señalarán y la recriminarán por sus actos, la culparán por algún problema que pudo tener de una pareja infiel, verán en ella como el mal, en un ser que es el más indefenso.
Si vemos como la sociedad le niega la mano amiga a esa mujer, como cree que esa joven va querer salir de ese mundo, le tendrá más temor a la propia sociedad que a este presente que vive.

Esa sociedad crítica y cada vez menos autocrítica, se ha puesto a analizar porque esa joven llego a este negocio, podrá ser esclava de una red de trata de blanca, entro por engaños, problemas económicos o simplemente fue la opción que escogió. Cada una tiene una historia particular que necesita ser escuchada y no satanizada, esas mujeres son solo la cara visible de un negocio muy lucrativo, donde el verdadero dueño permanece escondido y con ello evita el escarnio publico y la critica social.

El que no haya pecado que tire la primera piedra, y si ellas tomaron una decisión en su momento, debe tener la oportunidad de redimirse, porque a ellas no le damos esa opción de volver a construir su vida y lograr esos sueños que desea. Es hora de poner en un balanza y mirar como perdonamos a gente que asalto, hirió al prójimo o hasta lo mató, esa persona hizo un daño ajeno pero la sociedad lo perdona, en cambio esa chica que solo se vende a ella misma y si hace algún daño es a ella misma, pero la sociedad no la perdona.

Seria bueno que por un momento miremos a esa mujer y le quitemos todos los prejuicios que le pusimos y veamos que es una simple mujer con sus defectos y virtudes, un ser como cualquiera que merece un respeto y derecho a vivir su vida.

 

Amaru Samanamú Zilbert

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