Si no era el diluvio universal que tanto pregonan los religiosos, para mí lo era. Esa lluvia torrencial arrastraba lo que yo consideraba mi vida. Ese es un día que marco el inicio de y el fin de una historia. Era mi diluvio personal que se hacia presente.
Me encontraba en el portal de un hogar que ya no me permitía ingresar. Yo en mi afán de recobrar su amor busque decir las palabras exactas que permitieran tenerla de nuevo cerca. Pero todo fue una ilusión que se quedo en mi mente optimista. Recibí de su parte indiferencia y una seguridad en su decisión, era un Se acabo rotundo, acompañado de un ¡No vuelvas a buscarme!
Suficientes palabras para entender que debía recoger de su portal ese corazón desgarrado que tuvo que borrar tu nombre, ya mis latidos no llevarían tu nombre, me encontraba sin guía.
Me encuentro fuera de su portal mirando al vacío, la lluvia me detiene ya que si fuera por mi correría hasta desaparecer, pero el diluvio que era la comparsa a mi tristeza no me dejaría dar un primer paso. Igualmente enfrentaba mi diluvio personal, las lágrimas se hacían presentes. Pasan los minutos y solo espero que la lluvia disminuya para que pueda enrumbar mi propio camino donde solo estoy yo y mi soledad.
Las gotas empiezan a disminuir, aprovecho ese respiro que me da el clima para dirigirme a alguna parada de bus que me permita tomar el bus que me aleje de este lugar ya ajeno a mi, y a su vez me brinde un refugio temporal.
Me siento en la banca de la parada y miro los carros que transitan que así como yo, huyen de la lluvia. Trato de despejar mi mente mirando esos carros, de niño me distraía contando los carros ahora busco en ellos alguna forma de distraerme. Pero se me es difícil, los recuerdos de esa relación no me abandonan y se hacen presente. Recuerdo el primer beso, recuerdo lo que era yo con ella, la felicidad que sentía hace solo unos días. Vuelvo a llorar, brotan en mí lágrimas de rabia, resignación, molestia e impotencia.
En ese momento observo una joven acercarse, viene corriendo a la parada, la sombrilla que la cubre parece que no aguantara ante la lluvia que cae.
Al verla trato de ocultar mis lagrimas, y con el reverso del brazo hago mi mejor esfuerzo de eliminar todo rastro de lagrima. La joven al mirarme, primero se excusa por interrumpirme, para luego buscar en su cartera una servilleta y me alcanza. Me dice: – note preocupes, el hombre que no llora no merece ser humano-. Yo le agradezco por la comprensión. A lo que ella prosigue- aunque quieras ocultar tu tristeza, el rostro no puedes disimularlo. Y ese solo tiene un nombre, ¡Problemas de amor!-. Yo la miro y me siento pena por mi, por lo obvio que soy, o será que es una psicóloga. Creo que vi en las palabras una sinceridad y adopte el papel de paciente que separa una consulta con su psicólogo que ayude a solucionar sus problemas existenciales. Yo me abro y le empiezo a contar toda mi historia que acaba de tener punto final, yo solo quiero que alguien me escuche, y mejor si es alguien que no me conoce y critique mis acciones o errores que haya cometido.
Esa joven solo me escucha, no me refuta nada, creo que sabe que eso en mi estado no es el adecuado. Me encuentro sentado en una parada de bus, confesándole mis recuerdo y miedos a una desconocida.
En medio del cuento, las lagrimas siguen brotando, y ella tiene más servilletas que me alcanza. Ya adquiere algo de confianza y deja de ser un monólogo y empieza a darme soluciones o futuros alternativos en base de su experiencia y ubicándose en el papel de protagónica de mi historia. Si no es psicóloga , puede que tenga muchas habilidades para ello, ha logrado calmarme, trata de levantar a este hombre destruido, trata de rescatar a ese corazón que se esta desangrando.
En plena conversación, un bus se aproxima, ella me interrumpe y se levanta a ver si logra divisar el número de bus y la dirección del mismo, en eso ella me dice- ese es el bus que esperaba y debo retirarme-. Yo me pongo triste, me volvere a quedar solo con mis problemas y sin mi psicóloga. Ella prosigue y me dice: -¿hacia donde te diriges?.
En verdad que es una buena pregunta, ¿hacia donde me dirijo?. Yo no se que contestarle me encuentro sin rumbo. Ella viendo mis dudas, me comenta que ira a un bar restaurant del centro de la ciudad, en donde se celebrará el cumpleaños de su mejor amiga, que si no tiene un plan interesante, me aconsejaba acompañarle. Ella me esbozo una sonrisa y me transmitió seguridad. Yo que solo busco alejarme del lugar acepto su petición y le acompaño al centro.

Subimos al bus, y nos sentamos en las sillas del fondo, para poder seguir conversando sin que nadie nos interrumpa. Ya no lloro, no quiero mostrar debilidad a los que acompañan nuestro recorrido, o será que ya he llorado lo suficiente por hoy. En esa conversación empezó a surgir un interés de conocer a esa joven que me presto su compañía, y me acuerdo que ni el nombre sabia de esa joven, procedo a preguntarle y ella me dice:- me llamo Esperanza-. Que coincidencia del nombre, a la larga me daría cuenta que eso no es solo un nombre . En medio del transcurso ya deja de ser una charla terapéutica y dan paso a preguntas personales de ambos, sobre sus gustos ya yo asumí el papel de interrogador y ella procedía a responder todas mis dudas. En todo el transcurso no paramos de conversar, solo nos detuvimos cuando nos dimos cuenta que habíamos llegado a nuestro destino.
Procedimos a dirigirnos al bar, ya la lluvia se había disipado por lo que no era necesario el paraguas de la joven. Cuando llegamos al bar, la mejor amiga de ella nos esperaba. La amiga al verla se abalanza hacia ella y la abrazo con euforia, luego se percata de mi presencia y antes que logre presentarme, Esperanza me presenta como un amigo de la familia que había venido de visita. La joven fue mas rápida que yo y supo guardar mi identidad, y no dejarme como un desconocido que había conocido solo hace unas horas.
Pasamos al bar y nos pusimos a conversar entre los tres y en los minutos siguientes empezaron a llegar los amigos de esta pareja de mujeres. La música de fondo era una mezcla de baladas, reggaetón y electrónica, la música de moda era el telón de fondo a esta conversación. Creo que la decisión de acompañarla fue la óptima, me estaba ayudando a despejar. Ya se había formado un grupo de 12 personas que estábamos esperando la medianoche para cantarle cumpleaños. Esperanza como buena anfitriona no me dejaba un momento solo, sabia que era el desconocido del grupo pero que ella había logrado hacerme ya parte de este grupo que lo había recibido.

Dieron las 12 de la noche y ese feliz cumpleaños se dejo escuchar, todos cantamos y uno por uno la abrazamos felicitándole por otro nuevo año. Para mi la llegada de la media noche simbolizaba un nuevo día, donde el día anterior finalice algo y hoy iniciaba otro día con nuevos personajes. Cuantas emociones he tenido en estas últimos horas, estaba experimentando sentimientos encontrados que aun no estaban claros.

Paso una hora más y ya mi cuerpo mostraba agotamiento, por lo que le informe a mi acompañante misteriosa que me retiraba. Ella lo entendió y me acompaño a la puerta del bar, yo le agradecí por el apoyo y sin dejarme terminar mis agradecimientos, ella me pidió el número de teléfono. Yo procedí a dárselo y ella me brindo el suyo.
Yo le comente que la llamaría mañana para ver como termino la fiesta y ella sonrió y me dijo que la llamará cuando deseara. Ella con esas palabras se despide y procede a entrar al local al reencuentro de su amiga y yo en dirección opuesto me dirigía a mi hogar que hasta ahora había esquivado. El cansancio me iba permitir dormir sin dejar que los recuerdos invadan esos sueños, que ya tenían nombre propio.
Esa noche dormí placenteramente, el agotamiento había logrado que tenga un sueño tranquilo sin sobresaltos. Hasta que una llamada interrumpió mi sueño. Respondo la llamada medio dormido, por el otro lado del teléfono se encontraba la muchacha del día anterior, Esperanza, fue la última vez que escuche antes de dormir y es la primera que escuche al levantarme.
Ella procedió a preguntarme como había dormido y como me encontraba, yo en ese momento le comente que me encontraba bien. No había tenido tiempo de pensar en otra cosa. Luego me comento como había terminado la fiesta y empezamos a conversar cosas nuevas, el pasado dejo de ser tema de conversación. Era una conversación que incluía alguna carcajada, ya volvía a revivir, este muerto había recobrado una chispa de alegría.

Esa llamada me ayudo a sentirme querido y volver a buscar encaminar mi vida, cuando colgué la llamada y procedí a cumplir mis responsabilidades. Sin quererlo empezó a nacer una amistad con una nueva persona.
Los días siguientes había visto en ella un soporte, era la persona en donde le comentaba mis actividades del día, los temores que presentaba o solo quería escuchar esa voz que me hacia sentir tan bien.
No faltaron las salidas a bares, los encuentros para conversar o las llamadas por teléfono. Esa joven había logrado interrumpir en mi vida. Ya su numero de teléfono era el primer numero de mis contactos, sus problema pasaron a ser mis problemas, sus amigos pasaron a ser mis amigos. Ella paso a ser alguien importante en mi vida pero que incertidumbre me daba saber que era yo para ella.
Pasaron las semanas y mi corazón empezó a recuperarse, ya solo tenia cicatrices de la relación anterior, parece que empezaba a bombear de nuevo con fuerza y a creer en la posibilidad de una nueva ilusión. Mi mente había formado nuevos recuerdos con este personaje que había invadido mi vida.
Las conversaciones por teléfono eran continuas, ya no era minutos sino horas. El tiempo se detenía con ella, para mi solo eran un momento pero a veces conversaba cuando el sol todavía estaba presente y colgaba la llamada cuando la luna había ocupado su lugar.
Cuantas veces me quede dormido conversando contigo, y viceversa. Tener un lindo día era conversar contigo o haberte visto, ya solo eso era mi felicidad.
La compañera que me había destruido mi corazón ya no tenia ningún sentimiento, ahora era un simple recuerdo. Además debía agradecer que ese día hubiera dado fin a mi relación, porque si fuera otro día capaz no me encontraba con esta nueva ilusión que vivía.

Me sentía feliz pero a la vez tenia mucho miedo, tenia el temor de confesarle mis sentimientos y no sean compartidos y sufrir otro fracaso sentimental.
Estos temores me estaban matando y necesitaba un respuesta a lo que sentía era hora de definir que era esa joven para mí, será mi rescatadora, mi amiga o algo más. Yo deseaba que sea mi esperanza, no quisiera que otro se lleva esa esperanza que ya consideraba propia.
Para quitarme esa duda, la llamo por teléfono y le comento para encontrarnos en el bar donde iniciamos esa amistad. Ella acepto , así como acepto todas mis invitaciones anteriores.
Esa noche llegue antes de la hora pactada, estaba sudando de los nervios, ya se me había olvidado las palabras que le iba a decir.
En esa espera que se hace larga la veo entrar por el bar, esa joven se acerca a mí y mientras la veo aproximarme, me sorprendo de esa belleza que tiene, se ha arreglado y puesto linda para un encuentro con un amigo. No paro de enunciar palabras que exalten su belleza, no creo poder encontrar la palabra exacta.
Verla acercarse me genera miedos, como decirle lo que siento a la que hace unos días era mi amiga, El temor a perder esa hermosa mujer que me había deslumbrado no por su belleza física sino por lo que su era como persona , un ser original, único para mí.
Ella enfrente mío esboza una sonrisa, seguro ha notado mis nervios. Yo temeroso le doy un beso en la mejilla que roso al labio izquierdo, no se si yo calcule mal la distancia o ella intento un acercamiento. Estas acciones me están provocando más nerviosismo.
Ya no podía más y ella creo que se dio cuenta que esto no era una simple salida de amigos. Yo trato de recitar las palabras que había programado, me estaba declarando o es lo que yo imagino. Esperanza creo que ya me conoce y trata de descifrar lo que digo, tremenda labor de esa joven que trata entender las palabras que suelto sin control.
Ella me escucha y cuando termino mi declaración, y esperando su respuesta. Me lanzo una frase que dice: -La esperanza es lo ultimo que se pierde.
Y empezó a reírse , esa sonrisa que me cautivo y me había hecho cambiar lagrimas por sonrisas.
Yo me quede estupefacto, creo que era un sí o un sigue intentándolo, vas bien. Tenía mas dudas con su respuesta, ella creo que entendió mis dudas y para dejarlo claro se acerco y me dio un beso en la boca. Ese simple beso era el nacimiento de otra nueva ilusión, lo que paso esa noche es algo de nosotros. Fue el mejor día de mi vida hasta la fecha. Ese simple bar paso a ser parte de nuestra relación fue en ese lugar donde di por finalizado un ciclo, di paso a una nueva amistad y ahora me ofrece la oportunidad de iniciar un nuevo ciclo-
Ahora lo que paso luego de ese día es otra nueva relación con esperanza, y no solo lo digo por su nombre. Y así como me dijiste ¡ la esperanza es lo ultimo que se pierde!, y yo por ti: Me perdería querida ESPERANZA.

Amaru Samanamú Zilbert

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