Se acabo el 2016, un año algo controversial, como sus antecesores, llenos de historias en el plano mundial, en donde sigue predominando el egoísmo, la lucha, el confrontamiento y la desigualdad.
El reloj del tiempo sigue marcando nuestra vida, nos vemos al espejo y ya vemos rastros de ello; pero en si seguimos cometiendo los mismos errores, seguimos mostrando nuestro lado individual, en donde la indiferencia, el egoísmo, la insolidaridad, el desinterés y la poca o nula importancia del prójim@ sigue marcando nuestra ley de vida.
Gran parte de culpa recae en los sistemas de gobiernos y los actores de ese circulo de poder ya que son el ente actor y ejecutor de muchos de estas actividades por intereses a veces turbios e inexplicables; pero en general muchas veces buscamos culpables, buscamos liberarnos de toda culpa, sin entender que somos parte de esa sociedad que le dio algún grado de poder o como actores pasivos hemos asimilado como parte suya la realidad que vive y la entiende y la defiende.

Vivimos en un mundo de hipocresía en donde queremos que las cosas cambien pero uno mismo no modifica su accionar, y genere con ello un proceso de cambio; en donde uno mismo mira desde sus intereses particulares y evalúa sus acciones desde su perspectiva pero nunca se pone en la perspectiva del otro; no existe la comprensión y el entendimiento de la otra parte y buscamos la imposición de ideas, sin buscar el acuerdo y dialogo.

Aparejado con ello vemos que somos muy críticos pero poco autocríticos. No pregonamos con el ejemplo; pero siempre esperamos que el otro lo realice, y estamos atentos al fallo ajeno. A veces el errar es necesario porque de ello se aprende y abre un camino de reflexión pero no permitimos equivocamos y no ayudamos como sociedad a enmendar el error cuando eso ocurre.

Pero aunque sea algo fatalista y lo reconozco, es necesario que miremos este año no solo con deseos de buena prosperidad y éxitos que todo el mundo pregona de boca para afuera; porque la prosperidad y éxitos es bueno a nivel personal; pero son pocas veces, que esos buenos deseos lo extendemos a otras personas que no forman parte de nuestro circulo. Es necesario en vez de dar prosperidad y amor, desearle que sea feliz y mucha salud; y con esa palabra felicidad doy espacio a que se englobe en el conceptos tanto sentimentales, desarrollo profesional y material; y logre esa felicidad plena. Por que si uno tiene la felicidad plena se tiene por intuido que no hay más egoísmos, abundaría la cooperación mutua que no generaría más luchas a veces inexplicables. Y si uno logra una salud adecuada, podrá disfrutar ese episodio el mayor tiempo prolongado.
A veces esos deseos felicidad y salud, no se utilizan o si se realizan no se llevan a la practica porque al hacerlo rompes con muchas barreras que la sociedad impuso o no queremos llevarlo a la practica ya que nos da temor que seamos considerados por la misma sociedad como los bichos raros. Pero es necesario que iniciemos ese proceso de felicidad conjunta y esa búsqueda personal se expanda en felicidad colectiva, en donde nosotros pregonemos con el ejemplo y no seamos indiferentes y demos la mano si esta en nuestras posibilidades; y no seamos indiferentes con la pena ajena; sino por el contrario ayudemos a remediarlo.

Feliz 2017, y que este año traiga muchos cambios de paradigmas, de perspectivas y nos logre abrir los ojos a las verdaderas cosas que son importantes.
Como dice un cantautor cubano “ Seamos un tilín mejores y mucho menos egoístas”.

Amaru Samanamú Zilbert

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